La limpieza y la higiene son fundamentales para mantener la salud, pero ¿pueden llegar a ser un problema? En la Estación Espacial Internacional, donde los astronautas viven en un entorno meticulosamente higienizado y esterilizado, la falta de diversidad microbiana podría estar debilitando su sistema inmune, según revela un estudio reciente. El informe sugiere que la ausencia de microbios ambientales en la EEI está relacionada con problemas de salud como disfunciones inmunológicas e inflamaciones. Esto demuestra que, paradójicamente, el exceso de limpieza puede hacer que el cuerpo humano enferme.
¿Es posible enfermar por exceso de limpieza? Los problemas de salud de los astronautas de la Estación Espacial Internacional demuestran que sí.
La clave del problema que sufren los astronautas de la EEI radica en la diversidad microbiana. O, mejor dicho, en la ausencia de ella. El cuerpo humano convive constantemente con microorganismos de todo tipo que desempeñan un papel fundamental en la regulación del sistema inmunológico. En la Tierra, estamos expuestos a una gran variedad de bacterias provenientes de las superficies con las que entramos en contacto como el suelo o los pomos de las puertas, y también de otras fuentes como el agua, los animales y otras personas. Esto, generalmente, ayuda a entrenar a nuestras defensas, y a hacerlas más fuertes frente a patógenos nocivos para el organismo. Sin embargo, en la Estación Espacial Internacional (EEI), este equilibrio se rompe: los astronautas viven y trabajan en un entorno cerrado donde casi todos los microorganismos existentes provienen de la piel humana y de los objetos y otros materiales a bordo, sin aportes del exterior, por lo que la diversidad se ve drásticamente reducida en comparación con la que hay en nuestro planeta.
En un estudio reciente de la Universidad de California en San Diego (Estados Unidos), se analizaron más de 800 muestras tomadas de distintas superficies dentro de la EEI, tal y como revela ScienceNews. Los resultados fueron claros: la diversidad microbiana dentro de la estación es significativamente menor que la de cualquier edificio en la Tierra. Esta falta de variedad favorece el crecimiento descontrolado de ciertos microorganismos y, al mismo tiempo, afecta a la respuesta del sistema inmune de los astronautas, haciéndolos más propensos a inflamaciones, erupciones cutáneas y otros problemas de salud similares.
Los científicos y otros miembros de la comunidad médica y aeroespacial advierten de que este problema podría agravarse en futuras misiones espaciales de larga duración, como las planificadas a la Luna o Marte. Para contrarrestarlo, algunos expertos sugieren introducir bacterias beneficiosas en el entorno, ya sea mediante la incorporación de alimentos fermentados o incluso llevando animales a bordo. Otra opción sería simular de alguna manera la exposición a los microbios naturales del planeta, permitiendo que los astronautas mantengan un contacto controlado con una mayor diversidad microbiana.
Paradójicamente, la obsesión por la limpieza absoluta en la EEI ha generado un problema inesperado: un entorno tan aséptico que debilita el propio sistema inmune de quienes lo habitan. Este hallazgo refuerza la idea de que aspectos básicos de la vida cotidiana como la limpieza y la higiene deben mantenerse en un equilibrio adecuado: ni mucha, ni poca. En última instancia, ya sea en la Tierra o en el espacio, es importante recordar que no todos los microorganismos son nuestros enemigos y que, en dosis adecuadas, pueden ayudarnos a tener una salud de hierro.
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