
A día de hoy existe un número importante de personas que no responden a los tratamientos para paliar o revertir las alergias o bien que no lo hacen de manera completa. En este sentido, en investigaciones previas se había estudiado muchas inmunoglobulinas (Ig), que son proteínas producidas por el sistema inmunitario (linfocitos B) para identificar y neutralizar agentes extraños, pero apenas se había prestado atención a la IgD al considerar que esta no jugaba ningún papel en el desarrollo de la tolerancia por parte del organismo.
En este sentido, en un estudio liderado por este equipo hace un tiempo, se comprobó que «en niños alérgicos al huevo tratados con inmunoterapia que desarrollaban tolerancia al mismo, la IgD específica del huevo estaba muy elevada en relación a la de aquellos aquellos niños que no respondían al tratamiento, lo que probablemente quería decir que la IgD tenía un papel en el mecanismo de sensibilización y, por lo tanto, ayuda a recuperar la tolerancia«, explica Martyna Filipska, investigadora del HMRIB, lo que llevó al equipo a reforzar su interés en esta inmunoglobulina.
Asimismo, los investigadores había observado que «en los primeros tres años de vida, que es cuando se desarrolla la tolerancia a todo lo que nos exponemos, hay un pico de IgD», indica Filipska, por lo que pusieron en marcha un nuevo estudio para profundizar en el conocimiento acerca de esta inmunoglobulina y su papel en la tolerancia a los alérgenos, que hasta ahora se consideraba nulo o poco significante.
El nuevo rol de IgD
Y los resultados de este trabajo, publicados en el Journal of Experimental Medicine, han permitido, por un lado, localizar el punto en el que se originan las inmunoglobulinas D y, por el otro, identificar las células que les dan origen.
Si bien hasta ahora las IgD solo se detectaban en sangre, en este estudio han podido demostrar que son las células de memoria B, es decir los linfocitos B que se generan ante una primera exposición a un patógeno con el fin de recordarlo, concretamente la células de memoria IgD, las que se diferencian para dar lugar a células plasmáticas y son estas últimas las que producen la inmunoglobulina D.
Por lo tanto, estos resultados indicarían pues que la IgD, que hasta el momento ha sido bastante ignorada en este contexto, también forma parte de la respuesta inmunitaria del organismo a los alérgenos y además este estudio ha contribuido a determinar su ubicación en las amígdalas. Hasta ahora solo se había detectado su presencia en sangre, pero el hecho de poder ubicarlas con detalle y precisión en las amígdalas, que es donde se producen las inmuglobulinas que se localizan en la mucosa nasofaríngia para reconocer antígenos, tantos alimentarios, como comensales o ambientales, reforzaría su papel destacado dentro del mecanismo de tolerancia a los alérgenos
En este sentido, Filipska, firmante del trabajo, destaca que «la ubicación de IgD en las amígdalas es importante, porque es el punto de contacto con todo lo que entra en el cuerpo a través de la vía área y digestiva y, por lo tanto, se supone que es donde se desarrolla la tolerancia a los antígenos».
Posible herramienta terapéutica
En resumen, este estudio aporta nueva evidencia acerca del papel de esta inmunoglobulina en el mecanismo de tolerancia a los alérgenos. «Hemos visto que en la amígdala existe una red de memoria de IgD para la respuesta inmunitaria contra estos antígenos que nos rodean, hemos caracterizado con mucha profundidad estas células que hasta ahora no se sabía muy bien si existían y también hemos demostrado que las células de memoria IgD son las que mantienen la respuesta, son las que dan origen a las células plasmáticas que son las que producen la IgD específica contra ciertos antígenos», señala Filipska.
«Estas células están activas continuamente y siempre producen una cierta cantidad de estos anticuerpos para mantener la homeostasis, el equilibrio, de la mucosa, lo que resulta clave en el mecanismo de tolerancia porque la descompensación de la misma es uno de los factores que contribuyen al desarrollo de una alergia«, concluye la investigadora.
En esta línea, señala que, en el marco de este trabajo, también han observado que «personas con ciertos defectos que provocan inflamación tiene la IgD muy elevada, lo que quizá significa que para compensar esta inflamación, el cuerpo produce la IgD, lo que podría sugerir que esta funciona un poco como un extintor, ayudando a bajar la inflamación».
A raíz de este estudio, los investigadores plantean la posibilidad de que «una IgD contra cierto alérgeno, podría ayudar a sensibilizar a los pacientes alérgicos y de confirmarse, podría ser una herramienta terapéutica», avanza Filipska, quien al respecto indica que «ya tenemos una prueba de concepto en marcha para comprobar si introduciendo esta IgD específica contra cierto alérgeno en el cuerpo podría ayudar al organismo a desarrollar esa tolerancia, como ya se observó en niños de forma natural, los cuales producen IgD cuando responden bien a inmunoterapia».
A falta de llevar a cabo nuevos estudios respecto a su uso terapéutico, para la investigadora «la IgD podría ser potencialmente una propuesta para aquellos pacientes que no responden a la terapia convencional o bien un complemento que permita reforzar el tratamiento que ya está establecido».