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La exposición de los padres al humo de tabaco antes de completar la pubertad deja huella en la salud respiratoria de sus hijos décadas después. Un nuevo análisis del Estudio Longitudinal de Salud de Tasmania (TAHS) demuestra que esa exposición pasiva prepuberal se asocia con trayectorias de función pulmonar deterioradas desde la infancia hasta la mediana edad en la descendencia, un patrón que anticipa enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) en la vida adulta. El hallazgo amplía lo ya conocido sobre asma infantil y apunta a un efecto intergeneracional del humo de segunda mano.

La principal novedad es doble: por un lado, relaciona la exposición pasiva al humo de tabaco del padre en la prepubertad con un descenso sostenido del volumen espiratorio forzado en 1 segundo (FEV₁) y del cociente FEV₁/FVC en sus hijos (hemos de tener en cuenta que el FEV₁ mide el aire que una persona puede sacar en el primer segundo al soplar con fuerza, y el cociente FEV₁/FVC indica si sus pulmones están obstruidos, algo clave para diagnosticar enfermedades como la EPOC); por otro, muestra que ese impacto se intensifica si los hijos también estuvieron expuestos al humo en su propia infancia. En términos de salud pública, los autores recalcan que estas evidencias deben incorporarse a los mensajes de prevención sobre los daños del humo de segunda mano.

El trabajo siguió a 8.583 nacidos en 1961 y midió la función pulmonar de los hijos en seis momentos (7, 13, 18, 45, 50 y 53 años). Para la exposición, en 2010 se preguntó a los padres si sus propios progenitores fumaban cuando ellos eran niños (menores de 5 años) y entre los 5–15 años. En el análisis principal se incluyeron 890 pares padre–hijo con datos completos; el 68,7% de los padres había estado expuesto a humo pasivo antes de la pubertad, el 56,5% de los hijos respiró humo en su infancia y el 5,1% desarrolló EPOC (definida por espirometría) a los 53 años.

Tras ajustar por nivel socioeconómico, historia paterna de asma/sibilancias y edad paterna, se vio que los hijos de padres expuestos al humo en la infancia tenían más probabilidades de tener pulmones menos desarrollados y de que su función respiratoria empeorara más rápido con los años. A los 53 años se vio también una mayor tendencia a la EPOC, aunque sin llegar a ser un resultado estadísticamente concluyente.

Sin embargo, aunque influyen otros factores como que los padres o los propios hijos fumen más tarde, la mayor parte del daño parece venir directamente de que el padre respirara humo cuando era niño. Y ese riesgo se dispara si los hijos también estuvieron expuestos al humo en casa.

Las implicaciones son claras: proteger a niños y adolescentes del humo de segunda mano no solo salvaguarda su salud inmediata, sino que puede reducir el riesgo respiratorio de la siguiente generación. Los autores proponen incorporar este mensaje a campañas y normativas libres de humo, reforzar la identificación precoz de trayectorias pulmonares de riesgo y priorizar intervenciones de abandono del tabaco en familias con niños. Evitar fumar en casa y en entornos infantiles sigue siendo una herramienta clave, también para los futuros pulmones de sus hijos.