
La industria alimentaria podría incorporar el orujo de uva, el residuo generado tras la elaboración del vino, como ingrediente funcional para desarrollar productos más saludables y sostenibles, después de que un estudio científico haya demostrado «que mejora la salud intestinal y refuerza la barrera del colon». La investigación apunta además que su valorización permitiría transformar un subproducto agrícola en un recurso con alto valor añadido, alineado con los principios de la economía circular.
El estudio revela que el orujo de uva posee «un notable potencial» como ingrediente funcional con beneficios claros para el «equilibrio del colon sano, la integridad de la barrera intestinal y la regulación de la renovación celular». El trabajo fue dirigido por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), en colaboración con el Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital Clínico San Carlos (IdISSC), el Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (Ictan-CSIC) y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet, Argentina).
Más allá de sus posibles aplicaciones en situaciones patológicas, los investigadores comprobaron que «el orujo de uva también favorece la salud intestinal en condiciones normales, al contribuir al mantenimiento de una microbiota equilibrada». El efecto se debe a la acción combinada de su fibra dietética y sus polifenoles antioxidantes, cuya interacción genera un impacto sinérgico superior al que producirían por separado. Esta combinación natural podría ayudar a proteger el tejido intestinal y optimizar el metabolismo celular, apunta este ‘paper’.
El orujo de uva es el subproducto sólido que queda tras la vinificación y está compuesto principalmente por pieles, semillas y restos de pulpa. Según elIctan-CSIC, destaca por su alto contenido en fibra dietética y compuestos fenólicos antioxidantes, como flavonoides y ácidos fenólicos. Estos polifenoles, junto con su fracción de fibra insoluble y soluble, le confieren propiedades bioactivas con potencial para modular la microbiota intestinal y ejercer efectos protectores frente al estrés oxidativo. Las investigadoras concluyeron que la fibra antioxidante procedente del orujo de uva (GADF, por sus siglas en inglés) remodeló de forma profunda la homeostasis del colon proximal al combinar las propiedades estructurales de la fibra dietética con la bioactividad de los polifenoles no extractables.
El experimento, realizado con ratas sanas en condiciones controladas, sustituyó durante cuatro semanas el 5 % de la fibra convencional de la dieta por fibra antioxidante procedente del orujo de uva. Los resultados «mostraron mejoras significativas en la estructura del colon y en los procesos de renovación celular, lo que abre nuevas perspectivas para el desarrollo de alimentos funcionales dirigidos al cuidado digestivo».
Desde el punto de vista industrial, el hallazgo «ofrece una oportunidad estratégica para revalorizar un subproducto que habitualmente se descarta en la vinificación», según informó la UCM. Su incorporación como ingrediente permitiría «reducir el desperdicio agrícola y generar nuevas líneas de productos con propiedades saludables, en línea con las tendencias de sostenibilidad y consumo responsable».
Los investigadores señalan que el siguiente paso será evaluar «si el orujo de uva puede también proteger la barrera intestinal y mejorar alteraciones metabólicas asociadas al síndrome metabólico, como la inflamación crónica o el estrés oxidativo». De confirmarse estos efectos, el orujo podría consolidarse como «una herramienta nutricional con aplicaciones preventivas y terapéuticas en el ámbito de la salud intestinal».