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Un estudio preliminar realizado en ratones encontró que siete días de entrenamiento de fuerza pueden producir cambios en el tejido adiposo antes de que se registre una reducción del peso corporal. 

La investigación fue desarrollada por científicos de la Universidad Estatal de Campinas (Unicamp) y publicada en la revista ‘Life Sciences’. 

Los experimentos se realizaron con ratones macho. Algunos recibieron una dieta estándar, mientras que otros fueron sometidos a una dieta rica en grasas para inducir obesidad.

Los animales obesos fueron separados en dos grupos: uno permaneció sedentario y el otro realizó entrenamiento de fuerza. La alimentación rica en grasas se mantuvo durante todo el experimento, por lo que la actividad física fue la principal diferencia entre ambos grupos.

El entrenamiento consistió en subir una escalera de 70 centímetros mientras llevaban un peso sujeto a la cola. Cada sesión se realizó al 70 % de la capacidad máxima de los animales e incluyó 20 subidas, con descansos de entre 60 y 90 segundos. En total, completaron siete sesiones.

«Calculamos cuánto peso podía cargar cada ratón al subir una escalera. Obviamente, no es posible replicar con exactitud los ejercicios de entrenamiento de fuerza que realiza una persona, pero logramos inducir un esfuerzo similar en el cuerpo, con contracciones más intensas, imitando eficazmente una sesión de entrenamiento de fuerza para humanos», explica Moura. 

Cambios en la grasa antes de perder peso

Los investigadores centraron el análisis en el tejido adiposo mesentérico, ubicado alrededor de los intestinos y relacionado con la grasa visceral.

Después de las siete sesiones, los ratones obesos que realizaron entrenamiento de fuerza presentaron una menor cantidad de tejido adiposo mesentérico que los animales obesos sedentarios. También tenían adipocitos, las células encargadas de almacenar grasa, de menor tamaño.

Un aspecto destacado fue que estos cambios aparecieron aunque el peso corporal total de los animales no disminuyó durante el periodo analizado. Precisamente, los investigadores eligieron un periodo de siete días para observar los efectos directos del ejercicio antes de que una eventual pérdida de peso pudiera modificar otras respuestas del organismo.

«Cuando logramos mantener el mismo peso corporal y observamos lo que sucede en el organismo, podemos aislar directamente la contribución del ejercicio físico antes de la pérdida de peso«, explica Moura.

¿Qué es la lipólisis y qué cambió?

El estudio analizó mecanismos relacionados con la lipólisis, el proceso mediante el cual la grasa almacenada se descompone para ser utilizada como fuente de energía.

En los ratones obesos, la obesidad había afectado el funcionamiento de algunas proteínas relacionadas con este proceso. Después de siete sesiones de entrenamiento de fuerza, parte de ese mecanismo volvió a funcionar.

Entre las proteínas analizadas estuvieron PLIN1, ABHD5 y ATGL. El ejercicio produjo cambios en la interacción entre estas proteínas, relacionada con la descomposición de los triglicéridos almacenados en las células adiposas.

La investigación también encontró una reducción en la expresión del gen Scd1, relacionado con la síntesis de moléculas de grasa. De acuerdo con los resultados descritos en el estudio, esto apunta a una menor tendencia a almacenar las calorías de la dieta en el tejido adiposo.

En los animales obesos que permanecieron sedentarios, los niveles de ABHD5 disminuyeron y el mecanismo de descomposición de la grasa no se activó de manera significativa. En cambio, el entrenamiento de fuerza aumentó la interacción entre ABHD5 y ATGL y activó otros marcadores relacionados con la lipólisis.

«La gente suele pensar que si lleva dos meses entrenando con pesas y no ha perdido peso, no ha servido de nada. Pero lo que vimos en este estudio es que, tras solo siete días de entrenamiento de fuerza -incluso sin pérdida de peso-, las vías moleculares que promueven la acumulación de grasa estaban menos activas, mientras que las que estimulan su descomposición estaban más activas», comenta Moura.

El estudio no midió una pérdida de peso en siete días

Aunque los resultados encontraron cambios relacionados con la descomposición de la grasa, el peso corporal de los animales obesos no disminuyó durante el experimento.

Por eso, el hallazgo se centra en los cambios observados dentro del tejido adiposo y en los mecanismos relacionados con la lipólisis durante los primeros siete días de entrenamiento.

El investigador también señaló que los resultados cuestionan la idea de que el ejercicio aeróbico es el único tipo de actividad física relacionado con la pérdida de peso y que el entrenamiento de fuerza únicamente sirve para aumentar la masa muscular.

«Ambos tipos de ejercicio activan vías similares -a diferentes intensidades-, así como vías distintas. Por lo tanto, combinar ambos sigue siendo la mejor recomendación y la mejor estrategia para quienes desean perder peso», afirma Moura.

El equipo de la Universidad Estatal de Campinas tiene previsto analizar periodos de entrenamiento más prolongados para conocer cómo evolucionan estas respuestas cuando comienza a producirse la pérdida de peso.

https://www.eltiempo.com/cultura/gente/quemar-grasa-el-ejercicio-que-activa-la-lipolisis-y-cambia-la-grasa-corporal-en-siete-dias-segun-nuevo-estudio-3589284