
Una combinación de omega-3 y ácido acetilsalicílico (AAS) en dosis bajas produjo resultados comparables a los de los antibióticos en el tratamiento de la periodontitis severa. Esta conclusión se basa en un estudio realizado por investigadores afiliados al Hospital Israelita Albert Einstein, la Universidad de Guarulhos (UNG), la Universidad de Taubaté (UNITAU) y la Facultad de Odontología de Ribeirão Preto de la USP (FORP-USP) en Brasil, así como la Universidad de Harvard en Estados Unidos. Los hallazgos sugieren una alternativa terapéutica prometedora para algunos pacientes al reducir la necesidad de antibióticos. Estos hallazgos son particularmente relevantes en el contexto de la creciente preocupación mundial por la resistencia bacteriana.
Con el apoyo de LA Fundación de Apoyo a la Investigación del Estado de São Paulo (FAPESP), el estudio siguió a 109 pacientes con periodontitis avanzada durante un año. La periodontitis avanzada es una enfermedad inflamatoria crónica causada por la acumulación de bacterias debajo de las encías, que afecta los tejidos que sostienen los dientes. Si no se trata, puede provocar movilidad dental, pérdida ósea e incluso la pérdida de dientes.
“Los pacientes con enfermedad grave tienen bolsas periodontales muy profundas, que actúan como reservorios de bacterias asociadas a la enfermedad. Es una afección muy difícil de tratar”, afirma la cirujana dental Nídia Cristina Castro dos Santos, primera autora del estudio y profesora e investigadora en Einstein.
Para el estudio, los participantes fueron asignados aleatoriamente a uno de cuatro grupos. Todos se sometieron a instrumentación subgingival —conocida popularmente como raspado— que se considera el tratamiento estándar para la periodontitis. Sin embargo, recibieron diferentes terapias complementarias.
Omega-3 y aspirina igualan la eficacia de los antibióticos
El grupo de control recibió placebos de los antibióticos, omega-3 y ASA en cápsulas idénticas a las utilizadas para los tratamientos activos. Un segundo grupo recibió una combinación de los antibióticos metronidazol y amoxicilina, considerada la terapia con la evidencia científica más sólida para los casos graves de la enfermedad, administrada tres veces al día durante 14 días. El tercer grupo tomó tres gramos diarios de omega-3, además de una dosis diaria de aspirina durante seis meses. El cuarto grupo recibió una combinación de ambas estrategias simultáneamente: antibióticos durante dos semanas y el protocolo de omega-3 y ácido acetilsalicílico durante seis meses. Los participantes fueron reevaluados a los tres, seis y doce meses.
Al final del período de seguimiento, aproximadamente el 58% de los pacientes tratados con antibióticos habían alcanzado el objetivo clínico establecido por los investigadores de no tener más de cuatro bolsas periodontales profundas restantes. Entre quienes recibieron omega-3 y ASA, el porcentaje fue prácticamente el mismo: 57,7%. En contraste, en el grupo que recibió solo raspado y un placebo, la tasa fue del 23,1%. La combinación de ambas estrategias, antibióticos y suplementación, no proporcionó ningún beneficio adicional.
“El uso de antibióticos no se considera el tratamiento de referencia. Si bien el metronidazol y la amoxicilina dan buenos resultados en los casos más graves, su uso debe evaluarse caso por caso debido a los riesgos relacionados con la resistencia bacteriana y los posibles efectos adversos”, afirma Castro dos Santos.
Estos resultados refuerzan una línea de investigación que se ha estado desarrollando desde hace algún tiempo. En un estudio previo, también financiado por FAPESP, los investigadores observaron que la suplementación con omega-3 redujo la inflamación y la pérdida ósea causadas por la enfermedad periodontal en ratas, especialmente cuando se combinó con ejercicio físico. Aunque el estudio se realizó en un modelo animal, ya indicaba el potencial del nutriente en los procesos inflamatorios relacionados con la salud bucal.
Cómo actúa la combinación de omega-3 y ácido acetilsalicílico
Según Castro, el omega-3 se diferencia de los antiinflamatorios tradicionales en que contribuye a la producción de moléculas involucradas en la resolución natural de la inflamación y la reparación tisular, en lugar de bloquear ciertas vías inflamatorias. Por otro lado, se utilizó ácido acetilsalicílico (AAS) en dosis bajas porque potencia la formación de estos mediadores. Los investigadores plantearon la hipótesis de que esta estrategia ayudaría al cuerpo a controlar mejor el proceso inflamatorio crónico característico de la periodontitis.
“Imaginamos que la combinación de antibióticos y omega-3 sería la más eficaz para controlar la periodontitis en estos pacientes. También creíamos que los resultados del grupo que utilizó omega-3 con ASA serían ligeramente inferiores a los del grupo de antibióticos. El resultado fue sorprendente porque ambas terapias tuvieron un rendimiento muy similar, lo que abre la puerta a que se convierta en una opción de tratamiento para estos pacientes”, señala Castro.
Otro hallazgo que llamó la atención de los investigadores fue la persistencia de los beneficios observados. Incluso seis meses después de finalizar la suplementación, los pacientes seguían mostrando resultados similares a los registrados al final del tratamiento. Según Castro, esto sugiere que modular la respuesta inflamatoria puede producir efectos duraderos, aunque los mecanismos implicados aún se están investigando.
Para la cirujana dental Magda FeresSegún Feres, autora principal del estudio y catedrática de la Facultad de Medicina Dental de Harvard y del Programa de Posgrado en Odontología de la UNG, los resultados sugieren que modular la respuesta inflamatoria podría ser una alternativa viable para pacientes seleccionados. “La combinación de omega-3 y aspirina en dosis bajas logró beneficios clínicos comparables a los del protocolo de metronidazol y amoxicilina, lo que abre una alternativa real para quienes no pueden tomar antibióticos, especialmente pacientes con alergias o intolerancia a estos medicamentos”, explica.
La investigadora añade que los resultados son particularmente significativos ante la creciente preocupación por la resistencia a los antibióticos, considerada una de las principales amenazas para la salud pública mundial. “Demostrar que es posible tratar la periodontitis grave modulando la respuesta del propio organismo es información novedosa y relevante que ayuda a reservar los antibióticos para cuando sean realmente indispensables”, declara Feres.
Sin embargo, los autores recalcan que los resultados no implican un cambio inmediato en la práctica clínica. El estudio se realizó en pacientes sin enfermedades sistémicas ni orales significativas. Se necesita más investigación para confirmar los hallazgos en diferentes poblaciones e identificar qué grupos pueden beneficiarse realmente de cada enfoque.
Según Feres, algunas de las respuestas podrían provenir de los análisis microbiológicos que se están llevando a cabo. Estos análisis investigan cómo influyen estas terapias en la composición bacteriana de las bolsas periodontales. Los datos preliminares sugieren una reducción de las especies asociadas a la enfermedad y un aumento de los microorganismos relacionados con la salud gingival. “Es un paso importante, pero no el final de la historia. Por lo tanto, el mensaje es de optimismo cauteloso: tenemos una alternativa prometedora y científicamente plausible a los antibióticos en casos específicos. Su sustitución rutinaria requerirá más evidencia”, concluye.